El Autocares Vilaplana vuelve al Sepúlveda con victoria

Los niños de nuestra escula estuvieron presentes en el partido

Autocares Vilaplana F.S. 7 San Juan del Puerto F.S. 4

Había ganas de todo. Había ganas de ver en el Juan Sepúlveda a Thiago Marques. Había ganas de ver el equipo después de 35 días. Desde septiembre no jugaba en su pabellón. En ese tiempo estuvo saltando por los primeros puestos de la tabla. Incluso llegó a estar líder. Ahora es segundo. La espera de verlo todo mereció la pena. 7-4 y buenas sensaciones. Ni más ni menos que las que transmite el equipo. Sabe entrar en los partidos y tiene mucho equilibrio. El inicio del encuentro fue insospechado. No habían pasado cuatro minutos y ya había hecho tres goles. ¡Qué pasada! Salió como un cohete. Tenía ganas de explotar pronto y lo hizo. Bien es cierto que el San Juan no esperaba tal asedio. El Pozoblanco se movía a su antojo, sin oposición alguna, sin aguacero del que protegerse.  Los jugadores visitantes sintieron mucho desconcierto en esos compases iniciales. No era para menos. Su rival era una fiera que devoraba a lo que se le ponía por medio. Si los de Ortiz consiguen repetir esa ambición inicial (robo y espadazo) tendrán mucho que decir en esta temporada.

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Thiago hizo dos de los tres goles de inicio. El brasileño fue el alma del equipo encadenando prodigios. Su pecado venial fue no querer hacer más daño al rival y ser demasiado generoso (no terminó jugadas por darlas). Su inteligencia es fabulosa. Lee los partidos con una facilidad asombrosa. Irá a más con el paso del tiempo. Marca diferencias. Con él en la pista todos crecen. Transmite una seguridad que ya se deja ver. Además se le nota que está feliz. Aterrizó en un club en el que todos sueñan. Un plantel humilde pero muy soñador. Ortiz sigue siendo ese entrenador que sabe sacar lo mejor de cada uno en la pista. Da a cada uno su rol y no deja que las virtudes del rival lo desarmen.

El San Juan apenas mostró virtudes. No lo dejaron jugar. Al partido le faltó un intercambio de golpes que no se produjo. No se le puede negar la buena voluntad del San Juan. Quiso pero no pudo. Es difícil tener entusiasmo cuando a los cuatro  minutos te han hecho tres goles. No se apagaba el lamento por el gol en contra, cuando te hacían otro seguido. Así hasta tres. Casi a minuto por gol. Aún así dejo cosas. Su guerra en la tabla es otra y lo sabe.

La despedida final del pabellón dejó a las claras que este equipo enamora. Va a estar arriba en esta liga. Soñar no cuesta dinero y sí deja emociones. Como la de ayer. Ya se espera el próximo partido.

Emilio Gómez

 

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