Mes: noviembre 2018

El Autocares Vilaplana remonta en los ultimos cinco minutos y se trae los tres puntos

Tres Calles F.S. 3 Autocares Vilaplana F.S. 4

El Autocares Vilaplana Pozoblanco Fútbol Sala tiene algo que no tenía en años anteriores. Cree en sí mismo. Tiene alma para matar los partidos (cuando hay que matarlos) y para remontarlos como ayer en La Rinconada. Una victoria de esas que ponen el vestuario loco con ganas de cantar, de saltar y de pensar que la vida es maravillosa. Una fiesta. Lo fue porque sucedió que el equipo nunca bajó los brazos. Ni cuando iba perdiendo 3-1 con el partido en la recta final. En otro tiempo, se hubiera desmontado la tienda de campaña y se hubieran subido los arreos al coche. Pero el equipo de este año es otro. Está ilusionado.

Toda esta locura de meter 3 goles en cuatro minutos fue porque Ortiz sacó la última carta que tenía guardada en el banquillo. Tocaba tirar de épica. El Pozoblanco jugó de cinco con Trujillo como portero-jugador. Se plantó Trujillo en el centro sembrando el caos en el Tres Calles. Dos goles y luego el de Alfonso. Todo seguido. Por entonces, nuestro banquillo saltaba de alegría para todos lados y el banquillo rival se tiraba de los pelos. Atónitos. La defensa sevillana, poco organizada, no acabó de descifrar lo que allí sucedía. Tanto fue así que Ortiz ganando, 3-4,  siguió jugando de cinco hasta que la bocina sonó. Este entrenador es así. Muchas veces creemos que no conoce el miedo.

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Ortiz ganó la partida desde el banquillo. Todo fruto del espíritu del equipo y del trabajo que se viene haciendo durante la semana. Esas jugadas elaboradas, cocidas y preparadas no son flor de un día. Salen después de un trabajo bien hecho. El equipo salió a flote porque tiene sus armas. Hay partidos en los que tus jugadores sacan su calidad, disparan y ganas. Jugadores como Tete, Thiago o Álvaro son capaces de cambiar el rumbo del partido en cualquier momento. Pero esto es mucho más. Es un equipo donde si un día no aparecen estos, lo hacen los otros. En este equipo todos están aportando. Esa es la clave del éxito. Ayer lo de Trujillo fue genial. Portero-jugador que hace dos goles consecutivos. Que aparece sin ser detectado por los rivales. Que tiene la suerte de meterla en la red aunque el balón entre llorando. Y luego está de Alfonso. Ese vecino de la calle de mi infancia del que decíamos que quería parecerse a su hermano Asciclo. No tenía tanta calidad como su hermano pero unas ganas y una pasión que le han hecho ser el jugador que es, capaz de dar el tanto de la victoria a su equipo cuando todo estaba acabando. No quería olvidarme del tanto de Isma, un zambombazo de esos en los que nadie sabe por donde el balón ha entrado. De los tiros que se lanzan  tan bien que hacen agujeros en la red. No hay que olvidar tampoco que el Tres Calles demostró cosas. Un buen equipo. Se le atragantó el juego de cinco pero hasta que eso sucedió fue un equipo valiente, organizado y con dosis de fantasía.

El Autocares Vilaplana Pozoblanco tiene ilusión. Y esa ilusión le guía por un camino que no va a ser fácil, pero ahí está. Se ha empeñado en estar por los caminos en los que corretean los grandes. En lo alto de la tabla. La semana que viene recibe al segundo, el Santa Ana (quien ha jugado un partido más que nosotros). Será una buena ocasión para que vayamos a apoyarlos al pabellón. Estos chicos tienen que estar respaldados por los suyos. Están haciendo algo grande y conviene que se sepa. Y se disfrute. Ellos lo están haciendo

Emilio Gómez

 

El Autocares Vilaplana vuelve al Sepúlveda con victoria

Los niños de nuestra escula estuvieron presentes en el partido

Autocares Vilaplana F.S. 7 San Juan del Puerto F.S. 4

Había ganas de todo. Había ganas de ver en el Juan Sepúlveda a Thiago Marques. Había ganas de ver el equipo después de 35 días. Desde septiembre no jugaba en su pabellón. En ese tiempo estuvo saltando por los primeros puestos de la tabla. Incluso llegó a estar líder. Ahora es segundo. La espera de verlo todo mereció la pena. 7-4 y buenas sensaciones. Ni más ni menos que las que transmite el equipo. Sabe entrar en los partidos y tiene mucho equilibrio. El inicio del encuentro fue insospechado. No habían pasado cuatro minutos y ya había hecho tres goles. ¡Qué pasada! Salió como un cohete. Tenía ganas de explotar pronto y lo hizo. Bien es cierto que el San Juan no esperaba tal asedio. El Pozoblanco se movía a su antojo, sin oposición alguna, sin aguacero del que protegerse.  Los jugadores visitantes sintieron mucho desconcierto en esos compases iniciales. No era para menos. Su rival era una fiera que devoraba a lo que se le ponía por medio. Si los de Ortiz consiguen repetir esa ambición inicial (robo y espadazo) tendrán mucho que decir en esta temporada.

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Thiago hizo dos de los tres goles de inicio. El brasileño fue el alma del equipo encadenando prodigios. Su pecado venial fue no querer hacer más daño al rival y ser demasiado generoso (no terminó jugadas por darlas). Su inteligencia es fabulosa. Lee los partidos con una facilidad asombrosa. Irá a más con el paso del tiempo. Marca diferencias. Con él en la pista todos crecen. Transmite una seguridad que ya se deja ver. Además se le nota que está feliz. Aterrizó en un club en el que todos sueñan. Un plantel humilde pero muy soñador. Ortiz sigue siendo ese entrenador que sabe sacar lo mejor de cada uno en la pista. Da a cada uno su rol y no deja que las virtudes del rival lo desarmen.

El San Juan apenas mostró virtudes. No lo dejaron jugar. Al partido le faltó un intercambio de golpes que no se produjo. No se le puede negar la buena voluntad del San Juan. Quiso pero no pudo. Es difícil tener entusiasmo cuando a los cuatro  minutos te han hecho tres goles. No se apagaba el lamento por el gol en contra, cuando te hacían otro seguido. Así hasta tres. Casi a minuto por gol. Aún así dejo cosas. Su guerra en la tabla es otra y lo sabe.

La despedida final del pabellón dejó a las claras que este equipo enamora. Va a estar arriba en esta liga. Soñar no cuesta dinero y sí deja emociones. Como la de ayer. Ya se espera el próximo partido.

Emilio Gómez